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  • Delia

No, mi hijo no tiene que hacer la tarea para hacerme feliz.

Updated: Nov 30, 2020

Sí efectivamente, tengo un hijo que no le gusta hacer tarea. Recuerdo perfectamente la primera tarea que tuvo en primer grado hace ya 4 años. Lloró, se rehusó, se distrajo y luchó con todo su ser para no hacerla. Con el tiempo, esta actitud ha tenido sus altibajos, pero el día de hoy estamos como aquel primer día. La escuela en línea con la que llevamos ya 8 meses, no ha ayudado. El tema de las tareas tiene mucha tela de donde cortar, sobre todo a nivel educativo y psicológico. Sin embargo, no entraré a detalles para enfocarme en el punto que quiero hacer.


Hace poco me enteré que una persona muy cercana a nosotros, tuvo una conversación seria con mi hijo. Le dijo (parafraseando): “Tienes que hacer tarea para hacer que tus papas estén contentos contigo”. Entiendo que su comentario fue bien intencionado; sin embargo, con mucho respeto y amor que se merece yo respondo: No, mi hijo no tiene que hacer nada para hacerme feliz y mi hijo no debe de hacer nada para yo quererlo y aceptarlo tal como es.


Culturalmente siempre ha existido esta ideología que los hijos deben de hacer feliz a sus padres. Sin embargo, como padres, es importante que podamos cambiar esta manera de pensar. En los hijos no puede recaer la gran carga de la felicidad de los padres. Los hijos deben de tener la libertad de poder buscar su propia felicidad, sin cargas que los detengan. Nosotros como padres y adultos debemos de tomar la responsabilidad y tener la madurez de entender que la felicidad propia no puede depender de otros, si no que solo puede depender de uno mismo.


El chantaje es la herramienta más usada en estas situaciones donde los padres son felices solo si el niño se comporta como ellos esperan. En mi artículo “¿Qué es la Crianza Consciente?” explico como se puede crear consciencia del efecto de nuestros actos en los hijos, lo cual es un proceso que lleva tiempo y no es fácil. Mientras se inicia este proceso, una de las herramientas más usadas por los padres para evitar los golpes o los gritos, es el chantaje. Este ejemplo cae en el chantaje: “tú haces tarea y gracias a ello yo seré feliz”. El chantaje es fácil, no violento y funciona muy bien a corto plazo; por lo que es muy sencillo de usar. Sin embargo, el chantaje trae efectos a largo plazo.


A través de una crianza basada en chantaje, los hijos pierden la oportunidad de conocerse a si mismos y lograr ser auténticos. Moldean sus actitudes y suprimen su forma de pensar y de ser para poder lograr la aceptación de los padres. Esto es un simple acto de supervivencia: los niños instintivamente saben que necesitan amor y aceptación de los padres o cuidadores pues sin ellos simplemente no podrían sobrevivir. Con el tiempo esta identidad ligada a los padres se convierte en una identidad propia falsa. No solo eso, los hijos aprenden a ver sus propios sentimientos y pensamientos como malos e inadecuados, se pierden en su propia identidad y esto puede causar problemas de autoestima, de relaciones sociales entre otros.


¿Qué se puede hacer entonces? Comparto estas estrategias más saludables para ayudar a los niños a hacer la tarea.


- Acepta los sentimientos y pensamientos de tu hijo. Dales validez, escúchalo, entiende su punto de vista. Recuerda que tu voz se convertirá en su voz interna.


- Conecta con él. ¿Puedes encontrar algún momento de tu infancia donde no querías hacer la tarea? ¿Te gustaba hacer la tarea? ¿Hay algo que te llegó a disgustar de las tareas? Conecta y comparte con tu hijo tus propias experiencias y pueda sentir que no está solo.


- No dejes que tu ego entre en el juego. Usualmente como padres convertimos estos retos en situaciones personales. ¿Qué va a pensar la maestra de mí como mamá? ¿Qué van a decir las otras mamás de mí y mi hijo? ¿Cómo puede ser que a mi hijo no le guste hacer la tarea, cuando yo siempre tuve excelentes calificaciones? Despegarse de nuestras propias inseguridades y miedos sobre estas situaciones siempre es sano, pues le da más libertad al niño de aprender y explorar sus sentimientos por sí solo. Siempre hay que preguntarse si estoy actuando a través de mi ego o estoy actuando a través de mi verdadero yo. Es así como podrás conectar realmente con tu hijo.


- Dale herramientas. Según la edad y el nivel de madurez, habrá ayudas que tu hijo necesitará. Puedes empezar por asignar un lugar agradable libre de distractores para poder trabajar. Poner límites y negociar el uso de pantallas es de gran ayuda. De ahí puedes ir viendo que tanto necesita ser supervisado, y que tanto necesitará que le expliques y le ayudes. Tablas, agendas, calendarios, organizadores, pizarrones, etc. siempre serán de gran ayuda.


- Ayúdale a buscar motivadores intrínsecos. ¿Qué te motiva? Es algo que nos debemos de preguntar todos… Imagina que pasaría si tuviéramos la oportunidad de conocernos y poder contestar esta pregunta a temprana edad. Pudieras llegar a la adultez con un mejor conocimiento de ti mismo.


- Explicarle sobre responsabilidades. La tarea probablemente sea la principal responsabilidad de la mayoría de los niños. La vida adulta está llena de responsabilidades. Aunque en lo personal tarea en sí no creo que ayude mucho a la educación académica, este tipo de situaciones y experiencias se pueden aprovechar para enseñar otras muchas lecciones de vida.


En nuestro caso, todavía estamos en proceso de la aceptación de la tarea. Quizá estas estrategias, no hagan que mi hijo llegue después de la escuela con ansias de hacer la tarea. Probablemente eso nunca pase. También no descarto en un futuro, buscar otras opciones educativas que le creen menos ansiedad. Pero por lo pronto, en nuestra realidad la escuela sigue teniendo tarea y con estos apoyos busco que mi hijo entienda algunas cosas importantes:


- Siempre habrá consecuencias sobre sus actos. Hoy es la maestra que le llamó la atención por no hacer tarea, y mañana puede ser el jefe. Y también hay consecuencias positivas como la paz y tranquilidad que le generan ya no tener el pendiente de la tarea, o poder disfrutar de su tiempo como a él le plazca.


- No es malo si no te gusta lo que otros te dicen que tienes que hacer. Lo que uno siente o piensa sobre un tema específico no es malo. Simplemente es una opinión valida. Si hay algo que no te gusta siempre tienes la opción de ser activo con las autoridades, buscar nuevas maneras y presentar tus argumentos válidos.


- Hay responsabilidades que no siempre van a ser de nuestro gusto. En la vida, siempre habrá cosas que hacer que no nos van a encantar. Hay que aceptar situaciones como son, y una vez aceptándolas podemos ser más proactivos.


- Hay maneras positivas de expresar nuestro disgusto. El llorar, gritar y violentar nunca arreglaran las cosas. Esta situación nos da la oportunidad de enseñar que siempre se debe de encontrar paz y tranquilidad hasta en los momentos más frustrantes, para poder lograr nuestros objetivos.


- Aprende a jugar el juego. El juego de la vida, está lleno de cosas agradables y desagradables, uno no existe sin el otro. Hay que aprender a disfrutar las agradables y aprender a “bailar” con las no agradables. Velo como un juego, algo que como todo es relativo y pasará.


En resumen, podemos usar estrategias psicológicamente más saludables que el propio chantaje. Quizá no sean tan efectivas, quizá no funcionen tan rápido, pero lo que sí traerán son más enseñanzas de vida y menos conflictos emocionales a largo plazo.


Delia

Mamá de 3 – Coach en Crianza Consciente - Psicóloga

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